Renta Básica Incondicional
Iniciativa Ciudadana Europea
Implantación de Rentas Básicas Incondicionales (RBI) en toda la UE

Manifiesto de Eureka, 7 de Abril Día Mundial de la Salud por una Renta Básica Universal e Incondicional

La actual pandemia está presionando nuestro Sistema Nacional de Salud. Un sistema ya de por sí afectado por las reducciones de presupuesto, tras al menos una década de obsesión por políticas de austeridad en los servicios públicos y desvío de fondos a empresas privadas, que se están haciendo cargo de los servicios sanitarios. En los últimos años se han ensanchado las desigualdades y precarizado aún más el empleo. Y esta situación afecta negativamente a la salud general, como han mostrado recientes estudios, que ven a la economía y a la salud como íntimamente relacionados.

Como individuos, esta pandemia nos ha obligado a cambiar nuestro estilo de vida. Cambios que afectan también a nuestra salud. Ha cambiado cómo nos relacionamos entre nosotras/os y con el entorno.

El neoliberalismo ha creado una situación de crecimiento insostenible y desequilibrado en lo que respecta a la salud, distribución de la riqueza y consumo de recursos. Producimos más comida por persona que la que necesitamos, sin dejar recuperarse al medioambiente. El dinero que dedicamos al sistema sanitario no es suficiente para mantener la salud de la población, porque se está dejando en manos privadas -que valoran principalmente el beneficio y no la salud pública- la prevención y la salud en su concepción biopsicosocial.

La Covid, además, nos ha hecho preocuparnos por el futuro. La mayoría dependemos de los ingresos de nuestro trabajo para afrontarlo. Pero podríamos no depender de eso. Una renta básica incondicional nos puede aliviar ese miedo. Nos puede permitir vivir de acuerdo a nuestros principios y valores.

En el pasado, necesitábamos crecimiento económico para sobrevivir. Pero hoy en día no lo necesitamos. Podemos vivir con más salud, más felices y más plenamente como individuos y como sociedad. Deberíamos hacerlo sin comprometer el medioambiente o nuestra salud, si adoptamos formas de vida más sostenibles. Ese cambio en la forma de vida debe dejar a un lado la producción de bienes y servicios que afectan negativamente a nuestra salud, tanto física como psicológica.

Algunos países han realizado experimentos de renta básica para evaluar cómo se palian estos problemas, agudizados por la pandemia. Son pagos mensuales, incondicionales, para cada persona. Se está comprobando que reduce la pobreza, reconoce la labor de las personas que realizan cuidados y crea una red de seguridad no sólo en términos económicos, sino sobre todo psicológicos.

Una renta básica incondicional nos permite tomar decisiones más saludables y sostenibles. Nos defiende colectivamente de riesgos como las adicciones (ludopatía, consumo de alcohol y drogas, ansiolíticos y antidepresivos, etc.), que están creciendo sobre todo en los jóvenes, que interiorizan que su futuro depende de la suerte. La salud también supone tener cubiertas las necesidades básicas para vivir con dignidad: vivienda, energía, transporte, educación, cuidados, etc.

Tenemos la oportunidad de dejar a un lado el sistema actual de crecimiento constante, que beneficia sólo a una minoría, y sustituirlo por un paradigma en el que la salud, desde un punto de vista integral, sea parte de un modo de vida más pleno.

La Renta Básica Universal Incondicional e Individual, al cubrir las necesidades básicas dignas para vivir proporcionaría la posibilidad a la Persona -núcleo de la Vida y la Sociedad- de decidir, tomar las medidas y poner todas sus capacidades para recuperar, subsanar, mantener y proteger la Salud Integral Personal -Corporal, Mental y Espiritual o de Conciencia Social-, y mejorar y evitar problemas en la Convivencia Social que afecten a toda la Salud Pública.

¡¡¡LA RENTA BÁSICA NOS PERMITIRÍA CONSEGUIRLO!!