EL 21 DE ABRIL, MARTES, DE CARA AL 1 DE MAYO DE 2026, CUESTIONAMOS EL VALOR QUE NUESTRA SOCIEDAD DA AL EMPLEO COMO EJE DE NUESTRAS VIDAS.
Aquí puedes ver la grabación del acto que realizamos el 21 de abril de 2026 en el Teatro del Barrio, de Madrid:
LA RENTA BÁSICA UNIVERSAL E INCONDICIONAL (RBUI) es un derecho de ciudadanía, que garantiza una cobertura económica básica como reparto y redistribución de la riqueza colectivamente conseguida por todas las personas a lo largo de los siglos.
OFRECE UNA SALIDA A TODAS LAS PERSONAS, POSIBILITANDO TENER UNAS CONDICIONES ECONÓMICAS BÁSICAS CUBIERTAS, SIN MERMA DE OTROS SERVICIOS PÚBLICOS : SANIDAD, EDUCACIÓN, SERVICIOS SOCIALES, PENSIONES, VIVIENDA, ETC. LA RBUI ES UNA HERRAMIENTA PARA GARANTIZAR LA SEGURIDAD MATERIAL, LA LIBERTAD EFECTIVA Y LA CAPACIDAD DE DECIR «NO» A TRABAJOS PRECARIOS O ABUSIVOS.
En España, el empleo ya no garantiza una vida digna. El último gran diagnóstico social disponible advierte de que casi la mitad de la población ocupada vive en precariedad laboral y que más de 11 millones de personas trabajan en condiciones precarias.
Para las mujeres existe brecha salarial (entre 15-25%), más dificultades para acceder a puestos de responsabilidad mejor remunerados (en alta dirección están sólo en el 15%) y, además, se encargan de los cuidados. Tienen dificultades para compatibilizar la maternidad con el trabajo, soportan violencia de género en el entorno laboral y en sus casas y son las que recurren mayoritariamente a la reducción de jornada (80% solicitantes son mujeres), que supone también reducción de sueldo.
El empleo consume la mayor parte de nuestra vida.
Es urgente recuperar el control de nuestro tiempo. Una medida como la RBUI ayudaría mucho a ello, pues, al proporcionarnos un colchón de subsistencia segura, nos liberaría de muchos de nuestros temores e incertidumbres ante el porvenir y nos permitiría disponer de cierto tiempo y energía libres para preguntarnos por las condiciones en que nos gustaría vivir, es decir, por el propósito de nuestra vida y nuestra vocación.

Iñaki Uribarri nos habló del empleo como forma de control social, de la necesidad de cuestionar el trabajo mismo, preguntarnos qué vida queremos vivir y lo que aportaría la RBUI a una sociedad que no gire en torno a aquel. No es suficiente con cambiar las leyes, las personas también han de cambiar y abandonar esa ética que convierte el empleo en el máximo valor humano. Cuestionar el trabajo no supone rechazar la ética del esfuerzo, pero sí será mas libre una sociedad que pone la vida delante del trabajo. (El texto completo de su intervención aparece más abajo).
Coral Herrera Gómez nos habló de la explotación laboral, sexual, doméstica y reproductiva a que están sometidas las mujeres, de cómo trabajan gratis en los cuidados mucho más que los hombres y cómo las mujeres son grandes consumidoras de sustancias, no son felices. La RBUI permitiría a las mujeres divorciarse, tener mayor capacidad negociadora en casa (pues las mujeres buscan compañeros, no hombres para cuidar) y fuera de ella. La vida es corta, ¿qué necesitan las mujeres para vivir bien?: tiempo libre y energía. Las mujeres se han ido incorporando al trabajo, pero los hombres a los cuidados no. Quienes cuidan son otras mujeres más pobres en condiciones precarias. Para evitar tanto sufrimiento hay que erradicar la pobreza, ninguna mujer cedería su cuerpo a desconocidos, ni vendería su bebé si tuviera lo suficiente. La RBUI es importante para su autonomía económica y la capacidad de tomar decisiones.
EL PROBLEMA DEL TRABAJO
(Ponencia de Iñaki Uribarri en el acto)
Introducción
► ¿Qué tiene de problemático el trabajo?
Vivimos en sociedades donde trabajar se da por supuesto. No solo como necesidad económica, sino como obligación moral: se espera que trabajemos mucho, que nos esforcemos, que encontremos sentido en lo que hacemos para ganarnos la vida.
Hoy vamos a explorar una pregunta incómoda: ¿y si esa convicción —que el trabajo es una virtud en sí misma— fuera en realidad una forma de control social? ¿Y si pudiéramos imaginar sociedades organizadas de otra manera?
1. La ética del trabajo: una idea que nos gobierna
► El trabajo no es solo una actividad: es una convicción moral profundamente arraigada
Desde pequeños aprendemos que trabajar es bueno, que la pereza es un defecto, que una persona vale lo que produce. Estas ideas no son simplemente consejos prácticos: son mandatos morales que hemos interiorizado hasta el punto de que ya no los cuestionamos.
Esta ética del trabajo tiene raíces históricas en el protestantismo (la idea de que el esfuerzo y la disciplina eran señales de rectitud moral), pero hoy funciona de manera completamente secular: moldea la educación, organiza el tiempo libre, distribuye el prestigio social y define qué se considera una vida digna.
► El problema no es el esfuerzo, sino la forma en que el trabajo nos domina
La crítica aquí no va contra el esfuerzo, la creatividad o la cooperación. Va contra algo más específico: la manera en que el trabajo asalariado, tal como está organizado en el capitalismo, se ha convertido en el eje de toda la vida.
- Trabajamos para existir, no existimos para trabajar.
- El tiempo que no dedicamos al trabajo tiende a sentirse ‘vacío’ o ‘improductivo’.
- La identidad personal queda atada al empleo: ‘soy médico’, ‘soy diseñadora’.
2. El trabajo invisible: lo que el sistema no cuenta
► Hay un enorme trabajo que no se ve ni se paga: el trabajo de cuidar
Cuando hablamos de ‘trabajo’ en política o en economía, casi siempre hablamos del trabajo asalariado. Pero hay otro trabajo inmenso que sostiene la vida y que no aparece en las estadísticas: cocinar, limpiar, cuidar a personas mayores o a niños y niñas, gestionar el hogar.
Este trabajo lo realizan de manera abrumadoramente mayoritaria las mujeres. Y no porque sean más ‘naturalmente cuidadoras’, sino porque el sistema económico lo ha organizado así históricamente, dejándolo fuera del salario y, por tanto, fuera de la valoración social.
► La igualdad laboral no resuelve el problema de fondo
Algunas corrientes del feminismo han apostado por que las mujeres accedan al mercado de trabajo en igualdad de condiciones con los hombres. Es un avance importante. Pero hay un riesgo: si solo luchamos por igual acceso al trabajo asalariado sin cuestionar la centralidad del trabajo mismo, seguimos atrapados en la misma lógica.
La solución no puede ser simplemente que más personas sufran por igual la presión productivista. Necesitamos preguntarnos qué tipo de vida queremos, para todos y todas.
Según la OIT, el trabajo no remunerado de cuidados representa entre el 10% y el 39% del PIB de los países.
3. Imaginar otro mundo: renta básica y menos trabajo
► ¿Es posible organizar la vida de otra manera? Sí, y hay propuestas concretas
No se trata de utopías vagas. Hay dos propuestas específicas que han ganado fuerza en los últimos años y que representan pasos concretos hacia una sociedad que no gire en torno al trabajo.
► Primera propuesta: la renta básica universal
Consiste en garantizar a todas las personas un ingreso mensual, sin condiciones, independientemente de si trabajan o no. No es un premio a la pereza: es eliminar el chantaje implícito del mercado de trabajo.
- Si sobrevivir depende de aceptar cualquier empleo, se pierde poder de negociación.
- Una renta básica daría margen para rechazar empleos degradantes o mal pagados.
- Reconocería el valor del trabajo no remunerado de cuidados.
Experiencias piloto en Finlandia, Kenia o ciudades de Estados Unidos han mostrado resultados positivos en bienestar, salud mental y creatividad, sin que las personas dejaran de trabajar.
► Segunda propuesta: reducir radicalmente el tiempo de trabajo
En los años 30, algunas empresas en Estados Unidos probaron jornadas de 30 horas semanales con resultados muy positivos en productividad y calidad de vida. Esa posibilidad existió y fue abandonada, no por razones técnicas, sino por decisiones políticas.
Trabajar menos horas no significa producir menos: significa redistribuir el trabajo disponible, tener tiempo para vivir y reducir la dependencia respecto al salario.
4. El desafío más difícil: cambiar lo que deseamos
► El obstáculo más profundo no es económico: es subjetivo
No basta con cambiar las leyes o los sistemas económicos. El problema más profundo es que muchas personas no solo toleran la centralidad del trabajo: la desean. Se identifican con su empleo, lo experimentan como fuente de sentido y reconocimiento.
Esto no es una crítica a esas personas: es el resultado de décadas de socialización en una ética que convierte el trabajo en la medida de todo valor humano.
► El cambio requiere construir otras formas de vida que resulten deseables
Para imaginar un mundo diferente no alcanza con argumentos racionales. Hace falta también construir nuevas formas de pertenencia, de disfrute y de identidad que no dependan del empleo.
- Vínculos comunitarios que no pasen por el lugar de trabajo.
- Reconocimiento social que no dependa del salario ni del cargo.
- Tiempo libre que no se sienta culpable ni vacío.
Conclusión
► La pregunta que queda abierta
Cuestionar la ética del trabajo no significa rechazar el esfuerzo o la responsabilidad. Significa preguntarse: ¿quién decide qué trabajo vale y cuál no? ¿Quién se beneficia de que trabajemos tanto? ¿Qué tipo de vida queremos, más allá del empleo?
Estas no son preguntas filosóficas abstractas. Son preguntas políticas muy concretas, que afectan cómo distribuimos el tiempo, el dinero y el reconocimiento en nuestras sociedades.
Idea final para recordar: Una sociedad que ponga la vida por delante del trabajo no es solo más justa. Es más libre.